De pronto caí en la cuenta de todo lo que estaba pasando alrededor de ese zapato que calzaba esa pierna izquierda de esa mujer rubia. A unos metros de ella, vi focos, cámaras, micrófonos, un manojo de cables, personas sentadas, alguna con megáfono en la mano, otras de pie con carpetas y escribiendo en ellas y todos muy pendientes de la rubia, gesticulando hacia ella, señalando aquí o allá, hasta increpándola, pero nadie se movió para ayudarla. ¡Estúpidos! Tan ocupados rodando un anuncio o algo así y nadie se percató aún de que la chica estuviera en apuros, a punto de partirse un tobillo, por lo menos. Su expresión de dolor fue definitiva para mí.
Decidí hacer algo, no pude quedarme quieto y ajeno al sufrimiento de esa mujer. Corrí hacia ese tacón, la mirada fija en la nueva Marilyn. No vi el cable en la acera, tropecé, perdí el equilibrio y, en la caída me agarré al collar de perlas de su cuello, arrancándolo mientras ella caía también. Las perlas fueron tragadas una tras otra por la rejilla, la mujer me miró magullada y con rabia y, entonces, alguien gritó: “corten, corten y sujeten a ese imbécil”.
The author of this story is a very special person to me and has decided to maintain his anonymit. With LOVE Flor
El autor de esta historia es una persona muy especial para mí y ha decidido mantener su anonimato. Con AMOR Flor
